Hace 6 meses me mudé.
Enfrente de mi casa vieja había una escuela enorme.
Enfrente de mi casa nueva existe un bar, ND.
Justo enfrente, salís y cruzás la calle derechito. Un bar lindo, con comida muy rica. En la parte de atrás tiene un almacén. Hay días que es tranquilo y hay otros días que es un loquero. Atienden medio mal, pero la comida es tan rica que no me importa y sigo yendo.
Hasta hace un mes, en el bar trabajaba Boris. Un argentino que tiene el mismo nombre que un hombre ruso que conocí hace poco. Era hermoso: alto, flaco, morocho de ojos celestes. Una cara divina. Yo creo que además iba al bar a verlo a él.
La última vez que lo ví tuvimos un accidente: yo estaba pagando en la caja y el pasaba con una bandeja repleta de cosas. Yo justo me hice la linda cuando pasó y me acomodé el pelo. Con los brazos le tiré todo al piso. Pobre Boris. Le pedí perdón, lo ayudé a juntar las cosas, pagué y me fui lo más rápido que pude. No me acuerdo cuando fue la siguiente vez que fui al bar pero se que ya no estaba. ND seguía sin él. Chau Boris.
Entonces, se acabó el ponerme linda para tomar un té, las miradas complices con los que me acompañaban en la mesa. Boris was gone for good y con él una excusa para cruzar la calle.
Pronto encontraría otra: la tarta de calabaza y queso es lo más rico que hay.
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a falta de boris, tarta de calabaza
ResponderEliminarno está mal!
un besito
¡Me encantó! Quiero más.
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